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La primera sección del Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF) decidió acoger la denuncia del Procurador General de la República contra Eduardo Bolsonarohijo del ex presidente Jair Bolsonaro. Esta disposición – anticipada por la prensa brasileña y confirmada por fuentes oficiales – allana el camino para el juicio de acusaciones de coerción llevados a cabo en el extranjero, destinados a influir en el proceso penal contra el padre.

Según la acusación del fiscal, Eduardo Bolsonaro habría presionado a las autoridades estadounidenses para que intervinieran a favor de su padre: solicitando sanciones económicas contra Brasil, la suspensión de visas para los jueces de la Corte Suprema de Brasil y el uso de Ley “Magnitsky”. Las pruebas, escribe el ponente del caso, juez Alexandre de Moraes, destacan comportamientos destinados a generar inestabilidad institucional y social. La defensa responde que la conducta denunciada es una cuestión de lógica política y diplomática y no actos susceptibles de persecución según el art. 344 del Código Penal brasileño (coacción).

La decisión del Tribunal – que sigue a los votos favorables de los jueces De Moraes y Flávio Dino – posibilita la acusación formal de Eduardo. Aunque todavía falta un voto (el de Cármen Lúcia), la mayoría ya está adquirida y no es necesaria la unanimidad para iniciar el proceso. El diputado se encuentra en Estados Unidos desde hace varios meses: su traslado al extranjero introduce nuevas complicaciones procesales y diplomáticas.

Este caso se sitúa en un contexto todavía muy polarizado tras la condena –nuevamente por el Tribunal Supremo– de Jair Bolsonaro a 27 años y 3 meses de prisión por intento de golpe de Estado y asociación con delincuentes armados. El papel de Eduardo al intentar influir en el curso de la justicia brasileña desde el exterior pone de relieve las tensiones entre las instituciones, el poder político y las relaciones internacionales (especialmente con Estados Unidos), lo que plantea interrogantes sobre la fragilidad de la democracia en Brasil.

En las próximas semanas, la Corte Suprema formalizará la designación de Eduardo Bolsonaro como imputado y establecerá un calendario para

audiencias. El hecho de que se encuentre en Estados Unidos complica los procedimientos de notificación, extradición o coordinación judicial, pero no impide la continuación del procedimiento que puede tener lugar incluso en su ausencia.

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