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SSi fuera necesario un indicador entre otros para medir el peso de los acontecimientos internacionales sobre el comportamiento de los franceses, la venta de vehículos 100% eléctricos probablemente llamaría la atención. En un mercado generalmente deprimido, subió un 48% desde 1mmm enero, según la Plataforma de Automoción, que agrupa a todos los fabricantes. La mejora del equipamiento de las estaciones de carga, así como la densificación de la oferta de vehículos básicos, no explican por sí solas el fenómeno. El aumento de los precios del petróleo, y especialmente del diésel, desde el estallido de la guerra en Oriente Medio ha alentado a los franceses a pasarse a los coches eléctricos. Sin embargo, según todos los que habían intentado trazar una planificación ecológica bajo el gobierno de Elisabeth Borne, éste era uno de los puntos de resistencia más difíciles de superar.

Desde la crisis vinculada a la pandemia de Covid-19 en 2020 hasta las preocupaciones suscitadas por el hantavirus andino, que acaba de provocar la muerte de tres personas a bordo de un crucero en el Atlántico, el país vive al ritmo de las crisis que sacuden al mundo. Crisis sanitarias pero también guerras en Ucrania, conflictos en Oriente Medio en un contexto en el que se cuestiona el papel de los organismos reguladores internacionales. El impacto de esta sucesión de shocks es doble. Por un lado, alimenta un profundo pesimismo y exacerba la necesidad de protección. Por otro lado, empuja a los franceses a darse cuenta de que no viven aislados y que la adaptación es necesaria, algo que los políticos, por falta de crédito suficiente, no les han hecho admitir.

Entre las cuestiones de preocupación destacadas por el barómetro del instituto de encuestas Ipsos-BVA y de la escuela de ingeniería CESI para Domingo en la Tribuna Publicado el 10 de mayo, el nivel de deuda y déficit ocupa ahora el tercer lugar detrás del poder adquisitivo y el futuro del sistema social. Esto explica por qué la política de “cueste lo que cueste”, considerada casi unánimemente necesaria ante los riesgos de inflación provocados por el estallido de la guerra en Ucrania en febrero de 2022, es cada vez menos popular. Ha llegado el momento de aplicar la política de ayuda selectiva lanzada por el primer ministro Sébastien Lecornu, que sólo los extremistas cuestionan. Bajo la presión constante de los acontecimientos internacionales, los franceses comprenden no sólo que su modelo ya no funciona sino que se han vuelto muy vulnerables.

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