Detrás de las ventanas, los parterres delimitan la azotea, como una conexión entre la naturaleza y el hormigón. Frambuesas, verbena, salvia… Aquí crecen un sinfín de hierbas aromáticas, flores y pequeños frutos rojos, utilizados en la cocina por la chef Sarah Mainguy, plantas que ella cultiva, directamente del jardín al plato, con la ayuda de su amiga, la jardinera Alice Ménard.