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Los teléfonos ya no son suficientes, el futuro de la tecnología pasa enteramente por la inteligencia artificial y los semiconductores y Samsung lo entiende muy bien.

En el primer trimestre de 2026, la explosión de la demanda relacionada con la IA llevó las ganancias de la empresa surcoreana a niveles sin precedentes, impulsadas por su negocio de chips de memoria. De este modo, el grupo registró un beneficio operativo estimado en 57,2 billones de wones, o aproximadamente 38.000 millones de dólares, con un crecimiento récord de más del 755%, superando con creces las expectativas del mercado. Este resultado trimestral por sí solo supera el beneficio total generado por la empresa durante todo el año 2025. Además, según varios analistas, representa un punto de inflexión en la trayectoria del grupo en la industria mundial de semiconductores.

Samsung tiene la suerte de operar como una fundición de semiconductores y, al mismo tiempo, ser un actor importante en la producción de memoria de gran ancho de banda, que ahora tiene una gran demanda para cargas de trabajo de inteligencia artificial y que también se utiliza en los aceleradores de inteligencia artificial de Nvidia. Ya en marzo pasado, el director ejecutivo Jun Young-hyun (foto) declaró que el sector de los chips había entrado en un “superciclo sin precedentes” gracias a las enormes inversiones en centros de datos realizadas por los gigantes de la nube y la inteligencia artificial. Todo esto se suma a su mercado histórico: la compañía surcoreana sigue siendo el segundo actor (después de Apple) en el sector de los smartphones, un sector que este año, según las estimaciones, debería crecer un modesto 3%.

De cara al futuro, hay dos aspectos a considerar. Por un lado, muchos observadores creen que la carrera por la IA apenas comienza y que fabricantes como Samsung seguirán desempeñando un papel estratégico, siempre que gestionen con prudencia las inversiones y las capacidades de producción.

Al mismo tiempo, es probable que los márgenes de la empresa se erosionen en el segundo trimestre debido a los continuos aumentos de los costes de la memoria y al aumento de los precios de la energía, vinculados a los conflictos en Oriente Medio.

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