En el reciente ensayo La desintermediación es agotadora. Democracia económica, populismo y crisis colectiva(Franco Angeli, páginas 226, euro 36) Francesco Seghezzi aborda una cuestión que atraviesa muchas transformaciones contemporáneas: la relación entre trabajo, representación y calidad de la democracia. La hipótesis es que la crisis de la democracia política es difícil de entender sin considerar la crisis de la democracia económica. Además de la dimensión teórica, Seghezzi ofrece un análisis empírico comparativo, basado en cinco casos nacionales (Austria, Francia, Italia, Polonia y España), que muestra cómo la relación entre populismo y democracia económica adopta configuraciones diferentes pero de alguna manera convergentes.
Entre los elementos comunes emerge la desintermediación, entendida como un proceso de redefinición de las relaciones entre individuos, instituciones y organismos intermediarios, estrechamente vinculado a la crisis de representación y al ascenso del populismo. Entre los méritos del trabajo está la posibilidad de reenfocar el significado de este proceso. Durante mucho tiempo, la desintermediación ha sido interpretada, particularmente por las narrativas populistas, como una relación directa y sin mediación con el poder. Esta promesa de acceso y autonomía ha acompañado el desarrollo de la tecnología digital y, de manera más general, una parte importante del discurso político en los últimos años.
Seghezzi, en línea con la literatura más reciente, sostiene que la desintermediación no implica la ausencia de mediación, sino su transformación, lo que la hace menos visible y menos negociable. El punto inicial es el diagnóstico del mecanismo subyacente: la desintermediación no expande automáticamente la participación, pero tiende a debilitar su calidad porque erosiona las estructuras colectivas a través de las cuales los individuos pueden organizar sus intereses, resolver conflictos e influir en los procesos de toma de decisiones.
Si bien el análisis de Seghezzi se realiza a nivel macro, comparando sistemas nacionales, la misma perspectiva interpretativa también puede extenderse al nivel organizacional y es particularmente evidente en las plataformas digitales. Operadores y clientes parecen interactuar directamente, pero sus relaciones están fuertemente condicionadas por las reglas ancladas en la infraestructura tecnológica, que guían y delimitan los métodos de interacción. Este es el caso, por ejemplo, de sistemas que deciden la asignación de tareas o influyen en la visibilidad de los usuarios dentro de la plataforma. En este contexto, la participación tiende a tomar la forma de una contribución a la producción de valor dentro de sistemas cuyas condiciones están definidas unilateralmente por la plataforma.
El mismo patrón ocurre con la difusión de la inteligencia artificial. Nuevamente, la desintermediación a menudo se presenta como una forma de participación directa: sistemas que aprenden de los datos del usuario, herramientas que lo invitan a interactuar directamente con los modelos a través de indicaciones e incorporan comentarios para mejorar las respuestas. En presencia de infraestructuras concentradas y de reglas no negociables, la participación queda confinada hacia abajo: contribuimos al funcionamiento del sistema, sin poder intervenir en su configuración.