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Se necesitan cambios radicales para garantizar la competitividad de Europa en el mundo. Esto no es nuevo, Mario Draghi lleva hablando de ello desde 2021, cuando empezó a presionar a Europa para que fuera verdaderamente competitiva. Ahora, más vale tarde que nunca, parece que el mensaje ha sido recibido.

Si bien los ministros de economía de los principales países europeos, incluido Giancarlo Giorgetti, están trabajando para derribar las barreras financieras, también hay una apertura hacia las fusiones de grandes empresas. Si hasta hace unos meses las concentraciones máximas, y por tanto las adquisiciones de grandes empresas, se consideraban un riesgo monopolístico para Europa, Teresa Ribera parece haber vuelto sobre sus pasos. Precisamente ayer, el Comisario europeo de Competencia declaró al Financial Times que había llegado el momento de fomentar “fusiones favorables a la competencia que permitan a los operadores europeos desarrollar y acelerar la innovación y que tengan las dimensiones necesarias para convertirse en actores relevantes en los mercados globales”. No se trata de un cambio reciente, que debería confirmarse la próxima semana, sino de una verdadera revolución, quizás la más radical desde la década de 2000, cuando la legislación antimonopolio europea colocó el impacto de las agregaciones sobre los consumidores en el centro de sus decisiones. El enfoque riguroso adoptado en los últimos años, a menudo asociado a la visión decididamente antilógica de la ex Comisaria Margrethe Vestager, ha sido criticado repetidamente por obstaculizar el nacimiento de campeones europeos. Seamos claros: los consumidores siguen siendo el centro, pero el contexto ha cambiado. Para fortalecer la economía del Viejo Continente, en el que compiten, por un lado, los gigantes americanos y, por el otro, las nuevas tecnologías asiáticas, se necesitan regulaciones menos rígidas. Por poner sólo algunos ejemplos, Orange y Vodafone han apoyado en varias ocasiones en el sector de las telecomunicaciones

que las restrictivas normas europeas sobre fusiones han obstaculizado su capacidad de crecer no sólo en los mercados internacionales, sino también en los mercados nacionales. Si miramos los últimos años, la decisión de 2019 de bloquear la unión de la alemana Siemens con la francesa Alstom es un ejemplo emblemático de la incapacidad europea para crear campeones capaces de competir, en este caso, con su rival chino CCRC.

En “los mercados globales actuales”, explicó Ribera, “debemos desarrollar una fuerte defensa contra el caos externo aumentando el tamaño de las empresas”. Aunque se trata de una propuesta revolucionaria para el mercado de capitales europeo, no puede por sí sola resolver las dificultades de la economía del Viejo Continente y su tan cacareado pero deficiente mercado único. La integración de estos últimos debe continuar porque, como recuerda la propia Ribera, “una cosa no puede sustituir a la otra”.

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