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Vi “De/fragmentación del drama dramático” de Fabio Pisano, dirigida por Michele Segreto, en el Festival de Dramaturgia Contemporánea, organizado por la Academia Perduta, “Colpi di scene” en Forlì. El espectáculo está en escena en Elfo Puccini hasta el 14 de junio. La primera pregunta que me hice fue: “¿Por qué muchos jóvenes dramaturgos buscan títulos a menudo incomprensibles, hasta el punto de que el público tendrá que descifrarlos?” Pero, por si fuera poco, los personajes también tienen nombres difíciles, que también son difíciles de descifrar. El autor intenta explicaciones, pero acaba confundiéndose cuando afirma que se trata de historias humanas imposibles que intenta hacer posibles y añade un subtítulo aún más oscuro “Con incursiones del lado de Io Epico o Una historia de imposibilidad”.

En este punto estamos tratando de entender qué y cómo el autor pretende contarnos la historia de Uno, su esposa y su amigo Zero. A primera vista parece la historia de un triángulo burgués, también porque Uno, que quiere ser padre pero no lo consigue, busca el consejo de su amigo Zero que, posiblemente, estaría dispuesto a tener una relación con su mujer. Hasta aquí todo normal, si no apareciera el personaje llamado “Il Didacalisca”, que sería el asistente de dirección, muy experto en tecnología digital. Parece claro que Fabio Pisano no pretendía crear psicologías dado que parece que asistimos a la realización de un teorema matemático, porque será la Didacalisca la que decidirá qué deben hacer los personajes, qué acciones deben realizar y con qué criterios.

Las cosas empiezan a volverse aún más confusas, porque asistimos a proyecciones fragmentarias, seguidas de las consiguientes des/fragmentaciones que pondrían de relieve la imposibilidad de la operación. Entonces, ¿en qué consistirían esas imposibilidades? Se trata de hacer entender un texto lleno de cerebralismo, por lo que la respuesta no debe buscarse en el modo de tener un hijo, sino en un tipo de existencia construida, platónicamente, sobre el mundo de las ideas que cobrarían vida mediante el método deconstructivo, después de haber reducido a los personajes a funciones, víctimas de un teorema que necesitaría explicaciones, al menos plausibles, que la Didacalisca proyecta sobre un fondo con códigos informáticos que reemplazan lo que en el teatro llamamos “órdenes escénicas”, o advertencias. a los actores sobre qué hacer, sobre cómo posicionarse detrás y delante de la larguísima mesa que ocupa todo el proscenio, donde, en verdad, las acciones se desarrollan por orden, siempre sujetas a las leyes de la des/fragmentación.

En el escenario, cuando no queremos dar una explicación clara porque lo consideramos banal, recurrimos a la paradoja, como diciendo: hasta ahora estábamos bromeando. Pero los chistes, si no tienen una lógica escénica, no siempre funcionan. ¿Cómo terminar esta historia imposible? La Didacalisca se encargará de esto y, gracias a sus habilidades manipuladoras, se convertirá en una especie de voz de la conciencia y de los pensamientos que los personajes no han podido revelar.

¿Qué pensó su conciencia? La esposa, al principio, se rebela contra la idea de su marido, mientras que, más tarde, la acepta con influencia sensorial. Uno, el marido, defiende su idea de principio, sólo para quedar atrapado por los celos. Zero, el amigo, parece seguir el juego, pero al final no sabe qué elegir. En definitiva, el triángulo burgués está siempre presente en su conciencia interna, lo que contrasta con la realidad de los hechos.

Los actores entraron y salieron muy bien de sus “deberes”, desde Francesca Borriero hasta Michele Magni, Roberto Marinelli e Irene Latronico, la Didacalisca. La producción corre a cargo de dos compañías independientes: Servomuto Teatro y Liberaimago.

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