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Se trata del mayor incendio con más víctimas en España en este siglo. En el sur del país, unos 500 servicios de emergencia y 20 aviones de bomberos lucharon durante el fin de semana para contener el incendio, que ha matado al menos a doce personas y ocho siguen desaparecidas.

Identificar cuerpos completamente carbonizados ha resultado difícil. Se cree que la mayoría de ellos son británicos y posiblemente belgas. En la zona montañosa cercana a las localidades de Los Gallardos y Bédar, sobre la costa mediterránea, numerosos extranjeros se han instalado en los últimos años en casas esparcidas por las laderas.

Para alertar a los vecinos, alcaldes y rescatistas fueron de casa en casa; Al parecer la red de telefonía celular no funcionaba en todas partes. El fuego se propagó rápidamente, avivado por los fuertes vientos. Más de mil personas siguieron el llamado para buscar seguridad en refugios de emergencia. A otros se les recomendó que permanecieran en sus casas porque no había rutas de escape seguras.

El lecho seco del río se convirtió en una trampa mortal

Al parecer un grupo de extranjeros no acató esta recomendación, cuyos rescatistas encontraron cuatro autos quemados en un camino que terminaba frente a unas colmenas. Al parecer, cuatro personas más intentaron escapar a través del lecho seco de un río, lo que se convirtió en una trampa mortal para ellos. Su coche calcinado tenía el volante en el lado derecho, por lo que se presume que los ocupantes eran británicos. Según el diario “La Vanguardia” los dos municipios afectados no contaban con los planes de protección necesarios.

El domingo, la Junta de Andalucía declaró “estabilizado” el incendio, que hasta el momento había destruido unas 7.000 hectáreas de bosques y matorrales. Después de un invierno y una primavera muy lluviosos, la vegetación en España había proliferado y proporcionaba abundante alimento a las llamas.

“Lo que pasó en Almería no fue nada inesperado”, dijo el experto forestal español Víctor Resco de Dios al periódico El País. No han faltado las advertencias al respecto. El éxodo rural y las consecuencias del cambio climático han contribuido a que los bordes de las zonas habitadas de toda la región, desde Cataluña hasta Andalucía, se hayan convertido en un “polvorín”.

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