El 14 de diciembre de 2024, el ciclón Chido azotó Mayotte con rara intensidad y causó inmensos daños humanos y materiales. Pero lejos de provocar desaliento, contrariamente a los persistentes prejuicios sobre los territorios de ultramar, esta prueba ha revelado la fuerza de un territorio joven, trabajador, valiente y decididamente progresista.
En los días siguientes, las regiones francesas se movilizaron para crear un fondo de solidaridad interregional dedicado a Mayotte. Lejos de ser un gesto simbólico, este fondo, gestionado por la Comisión de las Regiones de Ultramar de Francia – bajo la dirección de la Presidenta Huguette BELLO – permitió iniciar acciones concretas que se implementaron a lo largo del año.
Esta solidaridad entre las Regiones se ha traducido principalmente en apoyo sanitario, mediante la financiación de un hospital de campaña para reforzar las capacidades sanitarias y aligerar las estructuras existentes. Luego, la instalación de comedores solidarios permitió garantizar rápidamente las necesidades de primera necesidad en las zonas más afectadas.
Por último, la ayuda de las regiones se materializó en apoyo a los residentes y a la economía local gracias a un sistema de bonos específicos, coordinado por la CCI de Mayotte, que facilita la reanudación de las actividades y apoya a las familias más afectadas.
Todavía está en marcha una cuarta acción, llevada a cabo con la Cruz Roja Francesa, para reforzar el acceso a los servicios de agua y saneamiento.
Otras iniciativas bilaterales también han contribuido a la recuperación del territorio. Esta continuidad de acción dice algo esencial: la solidaridad interregional no fue un reflejo aislado, sino un compromiso a largo plazo.
Porque nuestra profunda convicción es que no reconstruiremos Mayotte sin los Mahorai y menos aún contra los Mahorai. Ahora se trata de abandonar los reflejos de emergencia para reconstruir y transformarse de manera sostenible con ellos.
Reconstruir infraestructura, casas, caminos, escuelas. Reconstruir también a nivel social, reforzando el acceso a la atención, la educación, la formación y el empleo en el territorio más joven de Francia.
Por último, reconstruir institucionalmente, porque Mayotte entra en una nueva fase de su historia con la transformación en Departamento-Región. Este cambio de estatus constituye un momento unificador. Ofrecerá a Mayotte una arquitectura institucional más coherente, capaz de implementar políticas públicas adecuadas.
Este desarrollo debe ir acompañado de una mayor confianza en el territorio y en sus representantes electos, a través de un derecho verdaderamente operativo a la diferenciación y a la garantía de los recursos financieros. En este sentido, deben respetarse escrupulosamente los compromisos asumidos por el Estado. Seremos extremadamente cuidadosos con esto.
Las comunidades de ultramar no reclaman ningún privilegio: piden el reconocimiento de sus particularidades pero, sobre todo, palancas de acción eficaces. En lo que respecta a Mayotte, la reconstrucción en curso sólo podrá tener éxito si se basa en responsabilidades bien definidas, en una financiación garantizada y en una asociación sólida entre el Estado, las autoridades locales, Europa y todas las regiones francesas.
La solidaridad, que comenzó en la urgencia y la emoción, continúa hoy en el tiempo y en los proyectos. Corresponde al Estado apoyar esta reconstrucción material, social e institucional. Mayotte debe seguir siendo una prioridad nacional.