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Setenta y cinco días de guerra bastaron para alterar el modelo económico de todo un sector, el del transporte aéreo. Desde el 28 de febrero, fecha del ataque estadounidense-israelí a Irán, las conmociones han continuado: cierre virtual de los centros del Golfo, temor a una escasez de queroseno, aumento de los precios del combustible, aumentos de precios, cancelaciones de vuelos, etc.

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El martes 12 de mayo se celebró la rueda de prensa bianual de la Federación Nacional de la Aviación y sus Profesiones (FNAM), que representa a los actores del transporte aéreo francés. La crisis actual –y los riesgos asociados a ella– fue el tema principal. Sobre todo porque la aparición del hantavirus en las noticias recordó a los participantes el estallido de la pandemia de Covid-19 que había devastado la industria seis años antes.

Ciertamente, aclaró la FNAM, actualmente no hay ninguna medida sanitaria en la agenda de las compañías aéreas. Por supuesto, la situación del sector aéreo esta primavera no tiene nada que ver con la megacrisis de marzo-abril-mayo de 2020. Pero el transporte aéreo se enfrenta a una tormenta multifacética, cuyo tamaño apenas estamos empezando a medir.

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